¿EN QUE CONSISTE LA TEORÍA DE LA 1ª MEDICINA?

Lo que la teoría de la 1ª Medicina pretende, es el tratamiento de diversas patologías según el principio hipocrático

“Que tu alimento sea tu medicina”. Se basa en una recopilación sobre cómo determinados tipos de alimentos influyen en el buen estado y funcionamiento del aparato digestivo y esto a su vez es determinante para la prevención y el tratamiento de numerosas enfermedades. La finalidad es la de aconsejar un efectivo régimen alimenticio y la suplementación con sustancias específicas que permiten prevenir la aparición de enfermedades y mejorar el tratamiento de patologías crónicas. Como toda teoría, se podrá estar de acuerdo con ella o no, pero lo que sí os podemos garantizar es que si se lleva a cabo de forma minuciosa y con regularidad, el organismo va a experimentar un gran cambio muy beneficioso que mejorará espectacularmente vuestra calidad de vida. Los resultados obtenidos con esta metodología a lo largo de muchos años en los ensayos realizados por los doctores Kousmine, Seignalet y otros muchos, han demostrado una eficacia superior a otras dietas convencionales.

LA PRIMERA MEDICINA. LA ALIMENTACIÓN.

La investigación moderna apunta en el sentido de que nuestra alimentación influye en nuestra salud, tal como los médicos de la antigüedad ya pensaban. Enfermedades articulares o psiquiátricas, aparentemente no relacionadas con el aparato digestivo, hoy se empiezan a interconectar a través del conocimiento de los vínculos entre alimentación-inflamación-sistema inmunológico-sistema nervioso. Un ejemplo: la intolerancia al gluten, una enfermedad para muchos desconocida, a día de hoy está cobrando protagonismo en la explicación de algunos de estos trastornos. ¿Sólo evitando el gluten (trigo, cebada, centeno) de la alimentación puede mejorar un dolor de espalda?. En muchos casos sí. La realidad, cada vez más admitida, es que la enfermedad celíaca está infra-diagnosticada.

 

Otros alimentos como la leche también han sido vinculados a numerosos desarreglos. Este alimento, perfecto para el crecimiento del ternero puede ser la causa de las molestias digestivas de un amplio porcentaje de nuestra población debido a que contiene lactosa, un disacárido que para ser digerido necesita de una enzima cuya actividad se reduce con la edad: la lactasa. Otra parte de la leche, la proteína (caseína, lactoalbúmina) ha sido relacionada con reacciones alérgicas y podría justificar la evolución de un lactante con dermatitis atópica hacia el asma bronquial.

 

Cuando nacemos, recibimos con la leche materna, una primera flora saprofita, lactobacilos, que se irá modificando a medida que lo haga el estilo de nuestra alimentación para dar lugar a un perfil de flora que constituirá un marcador identificativo, una especie de “huella dactilar” que permanecerá el resto de nuestros días. Tenemos tantas bacterias en nuestro intestino como células en nuestro cuerpo. El perfil de esta flora y su manera de relacionarse con nosotros es un campo abierto de investigación. La flora intestinal ha sido vinculada al desarrollo de numerosas enfermedades y, los complementos a base de probióticos (bacterias beneficiosas para el equilibrio del ecosistema intestinal) son protagonistas de actualidad de cada vez mayor número de tratamientos.

 

RECOMENDACIONES DE ALIMENTACIÓN

LIMITAR O SUPRIMIR:

  • Precocinados, congelados, conservas.
  • Azúcar blanco refinado.
  • Zumos envasados, excitantes, alcohol.
  • Harina blanca, pan blanco.
  • Sal refinada.
  • Agua del grifo.
  • Leche de vaca, derivados lácteos.
  • Frituras y largas elaboraciones.

SUSTITUIR POR:

  • Productos frescos y cocinados en casa.
  • Azúcar integral de caña, miel, stevia.
  • Zumos naturales, sucedáneos del café, té verde.
  • Harina integral, pan integral.
  • Sal marina, gomasio, algas.
  • Agua mineral o filtrada.
  • Leches vegetales, derivados vegetales.
  • Cocinar al vapor o a la plancha.